Jan 19 2010

Quintaesencia

Hace unos días estaba buscando un par de ilustraciones entre los archivos perdidos de Tuthankamon (o, para referencias más útiles, mi ipod el cual uso de disco duro) y no las encontré tristemente. Pero lo que sí encontré fueron las páginas que hice para el concurso de normal en el 2008. Creo que nunca se las enseñé, ¿o sí?

Estoy casi seguro de no haberlo hecho, lo cual, vengo a arreglarlo en éste mismo momento porque es justo y necesario.

Quintaesencia es una historia bastante bonita que se desarrolla en un mundo donde el miedo reina sobre las demás esencias. Pero con esperanza, coraje, imaginación, valor, paciencia, amor y un poco de fe… se podría salvar el día y vencer al miedo. Sólo es cuestión de que se pongan de acuerdo XD

No les cuento más y los dejo con las primeras páginas.

En teoría, si le pican a la imagen de aquí arriba, para cambiar de página sale un letrerito de “next” en la parte superior derecha. Picandole ahí, pueden seguir a la siguiente página y así echárselas todas de corrido (usar las flechas de adelante y atrás también funciona).

Espero las disfruten (y me dejen un comentarito : D).

Pícale aquí y sigue leyendo


Dec 8 2009

¿Y qué sigue?

Con el trauma nanowrimero, los dedos de algunos de los participantes quedaron con un trauma al ya no sentir los dedos teclear como locos desquiciados. Para solucionar eso Tonchi creó: ¿Y qué sigue?

¿Y de qué trata? Les diré tal cual lo dijo Tonchi:

Pues esto no es gran cosa, somos 6 autores, todos muy diferentes, todos muy ociosos, pero sobre todo, nos gusta divertirnos, razón por la cual nos embarcamos en la idea de iniciar un pequeño proyecto donde intentaremos entre todos escribir una historia turnándonos.

Nos pusimos una gran regla principal: “No tomar nada en serio”, porque en realidad se trata solo de divertirnos.

La regla es escribir 650 palabras, no más no menos. No importa que te hayas quedado a medio renglón. Y pues a mí me tocó hoy saber qué sigue… y nomás venía a avisarles pa’ que se den una vuelta. Igual y se pone divertido, igual y no jajaja


Nov 21 2009

La ciudad de Allá Lejos

Sacado de las anotaciones del moleskine de cierta mujer:

La capital de éste país es la ciudad de Allá Lejos, también es la tercera ciudad más grande y la segunda más habitada del mundo. Mucha gente la detesta por estar tan llena de gente, de contaminación, de delincuencia, pero también mucha gente la ama porque le encuentra el lado amigable. Creo que es como todo, entre más grande sea tiene más cosas buenas y más cosas malas. Sólo es cuestión de saber por dónde, cómo y con qué tacones caminar.

Aunque he visitado ciudades mejor cuidadas, más impactantes y mejor organizadas; y vaya que he visitado muchas, mi profesión me hace viajar bastante por todas ellas, ésta ciudad siempre tendrá un espacio en mi corazón por ayudarme cuando estaba perdida y no tenía a donde ir.

Siempre hay algo que hacer en ella, no importa a donde mires, algo está sucediendo. Hay en el sur una colonia con un gran parque, llena de artistas, que me recuerda un poco al callejón donde empezó toda mi historia. También, tiene un gran teatro de las bellas artes en el centro, justo afuera de una estación del metro que es una réplica de la entrada a una estación de metro de una ciudad cercana a  la ciudad de Nunca Estás.

Si la pudiera comparar con alguna, diría que lo más cercano es a la ciudad de Nunca Estás, en un país del otro lado del océano donde se habla otro idioma. Ambas son nubladas (una por que todo el tiempo llueve y la otra por el smog), húmedas, tienen una gran red del metro que distribuye a su población de un lado a otro y lo más importante: Debajo del metro existe una ciudad alterna para gente como nosotros.

Gracias a la llave-estrella por dejarme entrar y al pequeño fantasma que me la regaló.


Nov 14 2009

NaNoWriMo ate my words, my soul and everything else…

…but it makes me write!

¡Ya pasé las 20,000!

Ha estado buenísimo, dejen les cuento…

Eso de cambiar de narrador cada capítulo y tener que darle un giro a la forma de contar las cosas ha sido un ejercicio bien interesante. Muero de ganas por un café con jengibre y odiamos a la ex-roomie de Christopher.

Las cosas se han salido un poco de control estos últimos días. Stella se obsesionó tanto con aprender que caminó por un sendero que le va a traer muchos problemas; para empezar, el fan de los zombies ha empezado a creer que está en el principio de un zombie-outbreak y tendrán que convencerlo de lo contrario jaja…

Si les interesan los scores de la WordWar ahí siguen en el post abajo de este, se actualizan conforme los guerrilleros actualizan su wordcount en la página del nano.


Nov 6 2009

Recuentos de la primer semana con invitado de honor.

Bien, una larga semana ha pasado en la que muchos hemos estado esquivando obstáculos para poder encerrarnos un par de horas al día y poner esas palabras en la pantalla, estos son los resultados de la primera semana, pero antes, unas palabras del gato literario:

literecy cat

Ahora sí, los scores y su respectivo plot mutante que con algunos puede cambiar pa’ la siguiente semana ya que su novela empiece a caminar por lugares inhóspitos.

Una novela de romance apocalíptica con posibles zombies involucrados.

“Estoy en sintonía con mis personajes: ellos están confundidos y yo también. No sé qué está sucediendo.”

Mitos de Cthulhu en el antiguo japón (con potencial a ser eróticos)

Vampiros, prostitutas y acapulco…

Romance, fin.

Mi favorita: durmientes.

Una enfermedad ha causado que el planeta entero caiga en un profundo sueño, sólo unos cuantos quedan para averiguar qué sucedió.

Y yo… con Café de Nadie y so far lo estoy disfrutando en demasía.


Nov 1 2009

Let the war begin!

Bien, ya llegó noviembre. La guerra ha sido declarada.

Si alguien quiere leer “Café de nadie” conforme avanza con el paso de los días, lo voy a poner en un archivo compartido de Google Docs; déjen comentario, twit, mail o lo que quieran y les envío invitación pa’ poder ver el archivo.


Oct 26 2009

La “Word War” empieza en noviembre.

Este será el tercer año en el que me propongo perder la vida por un mes, escribiendo 1667 palabras diarias (mínimo) para cumplir el reto del Nanowrimo (jajaja… bien wey yo les iba a poner un hashtag en vez de link; #tengoproblemas). Como ustedes sabrán las dos veces anteriores hice un fail épico por cuestiones que no le importan a este post… ¡pero he vuelto una vez más!

Y como dicen: la tercera es la vencida. Y que mejor que decir que este año no estoy solo: Sybelle, Tonchi, Mouse, Jaka y realmente-no-recuerdo-quien-más hemos armado la gran nanocontienda y el que llegue al final se llevará el gran premio. Debo decir, contra todo lo esperado, que la premisa de Tonchi me ha gustado demasiado.  Yo, por lo pronto, les voy a escribir una historia que nació hace unos años, con otro nombre y otro motivo; ahora le llamo: Café de nadie.

En la zona bohemia de la ciudad, en un callejón donde se encuentran los artistas que cambiarán al mundo en la siguiente generación, entre librerías y tiendas de arte, se encuentra un café-galería en el que se exponen los talentos de todos ellos.

Si llegas a preguntar quien es el dueño del lugar, Tristan Laif te responderá que nadie, que él lo fundó para impulsar a los artistas a salir de aquél callejón. Y de cierta manera es cierto, ya que es el resultado de un deseo que llegó muy lejos y un par de artistas que llegaron todavía más lejos, sin contar con lo que tendrían que pagar a cambio de su talento.

Una tragedia que por azares del destino Ivan y compañía tendrán que desentrañar si no quieren perderlo todo ante la avaricia de aquel deseo.


Aug 25 2009

Esperar, esperar, esperar…

Golpes en la puerta lo hicieron recuperar el conocimiento. La noche había pasado, por desgracia, tan rápido. Le gustaba dormir y soñar… en ese mundo sus preocupaciones eran otras, en ese mundo hacía muchas otras cosas que lo mantenian ocupado, lejos de preocupaciones mundanas de la vida diaria.

-¡Oye! -dijo una anciana voz detras de la puerta- ¿Estás ahí?

-Sí, ¿qué pasó? -contestó tratando de disimular la modorrez desde las profundidades de su cama.

-Nada, sólo quería saber si estabas -añadió la voz alejandose, abandonandolo en el mar de sábanas.

Bien, ¿qué haremos el día de hoy? pensó mirando a su otro yo en los 3 espejos que le mostraban 3 angulos de la misma decadencia.

Esperar, murmuró uno de los tres reflejos dentro de su cabeza. En ese momento se preguntó cuando fué que empezó a dialogar consigo mismo.

Quizá la espera te está volviendo loco, inquirió oportunamente el del espejo de enmedio.

Quizá sólo necesito desayunar, hacer un poco de ejercicio y darle tiempo a que el mail me de alguna buena noticia. Con eso en mente se trató de convencer de que sería un buen día. Se liberó a si mismo de las colchas que lo apresaban y antes de salir del cuarto en boxers, recordó que no estaba en su casa, regresó se puso unas bermudas y la camiseta que se había quitado durante la noche debido al calor que hizo. Afuera, el anciano que lo había llamado lo invitó a desayunar y él aceptó con una sonrisa.

-Si me esperas a que vuelva, te hago unos huevos con jamón -dijo amarrandole la correa al perro-, no me tardo.

-No, yo puedo hacerme algo, no te preocupes -dijo el joven rascandose la cabeza con una mano y despidiendo al anciano que aunque no vivía en aquél lugar; ahí comía, bebía y sacaba a pasear a al perro por las mañanas.

Abrió la puerta del refrigerador y sacó lo básico: tortillas, jamón, queso y un litro de jugo de durazno. Minutos después contaba con un desayuno sencillo pero que prometía llenar su estómago.  Puso el plato con las  tres sincronizadas sobre la mesita de la sala, al lado la taza con el jugo y se dispuso a conectar el cargador de su laptop para poder constatar que el internet aún existía después de su ausencia. Al ponerse de pie ignoró al teléfono que estaba husmeando el olor de sus sincronizadas y más aún al cable que se interpuso entre él y el sillón. Al sentirse sorprendido en su travesura, el teléfono corrió al suelo a esconderse, llevandose entre las patas (y el cable) a la taza  que terminó hecha pedazos en el suelo, desparramando el durazno líquido por todo el suelo y la mesa.

Bien… el desayuno tendrá que esperar, suspiró resignandose a limpiar el puerquero que había hecho. Cuando terminó de hacerlo, por fín pudo sentarse a comer su desayuno, ahora frío y un poco aderezado por el jugo de durazno, lo cual realmente no le importó.

Prendió su computadora y al iniciar le dijo: ” No se puede eliminar el archivo infectado porque está siendo usado por otro proceso, para que pueda eliminarse, tiene que reiniciar su equipo. ¿Desea hacerlo ahora?”

Le dio click al sí y se quedó mirando la pantalla, esperando a que lo dejara continuar con su día. Pero la máquina decidió instalar una actualización del sistema operativo que tardó mucho más de lo esperado. Agarró el libro que tenía al lado y casi 50 páginas después, el sistema operativo seguía actualizando diciendo que esperara. Hasta los personajes del libro que estaba leyendo esperaban que los que se habían ido de viaje volvieran con las provisiones. La vida de todos ellos había cambiado durante las semanas que los viajeros estuvieron fuera. Pero en los seis meses que él tenía en ese lugar él seguía esperando.

Cuando por fín pudo tener acceso a la computadora logró comprobar, para su mala suerte, que todo estaba tal cual lo había dejado la noche anterior. No hubo ataque de zombies en nignún lado, no había ninguna misión importante y lo peor, el silencio reinaba el lugar. El anciano regresó una vez a dejar al perro y arreglarse deostrando su costumbre extraña de prender las luces de todo el depa a las 4 de tarde, volvió a salir para regresar una hora después para ir  al baño y volverse a salir inmediatamente.

“En dos semanas saldrán tus resultados” le dijo una ventanita en su computadora. “En Noviembre habrá exposición” le decía otra. “Yo quiero hacer algo hoy” les contestaba a ambas en su cabeza. La carpeta de un  proyecto que se quedó pausado en lo que podía regresar a un espacio donde pudiera trabajarlo le exigió atención, pero después de otorgarle todo lo que pudo, comprobaron que tendrían que esperar a su regreso. En un espacio tan pequeño era imposible trabajarlo.

La dueña de lugar llegó un rato después echandole una espera más: “cuando regrese te doy el documento que necesitas traducir; 35 pesos la página, súper, ¿no? También aquí está el tríptico de las conferencias a ver si te interesa alguna.”

El leyó el papel doblado en tres partes que trataba de convencerlo de que un grupo de conferencias sobre democracia eran interesantes. Estas queriendo convencer a la persona equivocada, pensó separando la mirada para decirle a la casera que tendría que esperar a que su novio le dijera qué día se verían, para saber si podría ir a alguna de ellas. La casera sólo sonrió y se volvió a ir con el mismo montón de libros que se supone había llegado a dejar.

¿Y bien… qué hacemos? Se dijo a sí mismo una vez más.

Esperar… ¿qué más? le dijo una de sus voces riendose sarcásticamente.

Carajo… que día tan aburrido.


Jun 26 2009

El tren de las seis

El sonido de lo que parecía ser un violín provenía del café donde se reunía una gran cantidad de fauna urbana cada miércoles. Era un lugar ameno con aires de viejo donde se ofrecía una infinidad de bebidas a elegir y un violinista que empezaba a tocar siempre a las seis en punto, siempre ese día de la semana. Mientras tocaba, escondía su mirada debajo de su sombrero, una especie de boina abombada que le daba la apariencia de ser tímido o que no le gustaba que sentirse observado mientras hacía lo suyo, pero la verdad era de lo más coqueto con las damas que asistían a escucharlo. Algunas hasta pensaban que era todo un zorro, más allá de tener orejas y cola color marrón.

-Claro que es un zorro. –Dijo la mesera tomándose su tiempo para dejar un par de copas y una botella de vino sobre la mesa- Sólo a los de su tipo se les ocurre tocar el violín de esa manera.

-¿A qué te refieres? –Le preguntó una de las gatitas que se relamían los bigotes mientras las que atendía- Mira como mueve esa cola. No puedes negar que tiene talento.

- Si por talento llamas a torturar al pobre violín para que suene como si estuviera cortando metal con un escalpelo oxidado… sí, es todo un maestro. –Contestó cínicamente mirando al zorro- Yo sólo espero que pase el tren y me haga feliz no escucharlo a él.

El problema que aquél músico solía tener era que, precisamente en esa hora que estaba en el café, el tren pasaba por la vías ubicadas justo enfrente del establecimiento. Y por si fuera poco, se tarda más de treinta minutos en pasar, haciendo chirriar sus ruedas contra el acero que marca su camino, como si tuviera toda la intención de no dejar que la clientela del café disfrute lo que el violinista interpreta. Más de una vez le preguntaron por qué sigue tocando a la misma hora. Por qué no tocaba una hora más tarde o una hora más temprano, cuando todos podrían escucharlo mejor. Pero él siempre respondía: “Es una hora especial, no puedo hacerlo a otra hora”.

En otros tiempos, cuando el zorro aún no había ofrecido sus servicios a la cafetería, la estación del tren solía ser ahí. Era un pequeño lugar que servía bebidas a los recién llegados mientras esperaban que algún amigo o familiar los recogiera. Pero con el crecimiento del pueblo, el gobernador decidió que la terminal debería ser mucho más grande y por lo tanto, la necesitaban fuera, donde pudieran construir un coloso que soportara la cantidad de transeúntes que ahora arribaban a todas horas.

Georgina, la mesera, trabajaba ahí desde entonces. Ella había visto el progreso de aquél negocio, de ser una mera cafetería de paso a quedar huérfana de la estación y convertirse en todo un foro para (como ella pensaba) artistas principiantes sin remedio. Sin embargo era una tortuga que amaba su trabajo y los asistentes del lugar la amaban a ella. Podían soportar que se tardara una eternidad en atenderlos y otra en entregar las órdenes a sus respectivos bebedores con tal de verla feliz. Era una tortuga con mal genio, pero por alguna razón se ganaba el corazón de todo aquel que pisara el lugar.

Uno de esos miércoles, el tren no pasó. El zorro estaba sentado en su banquillo de siempre, con el violín en las piernas. Todos lo veían con expectación así como él los miraba a todos esperando que algo sucediera. Después de unos incómodos minutos en silencio, dejó el violín en el suelo y se cruzó de brazos.

-Hoy no vino mi rival, me niego a tocar –dijo con una sonrisa compasiva en el rostro- sería demasiado fácil ganarle si no viene.


Jun 15 2009

Galletas en guerra

Daniela quería una galleta. Sería una dura misión que tendría que resolver por ella misma. Una de las primeras. A sus 7 años, su vida apenas empezaba a mostrarle los caminos a seguir, de los cuales el más cercano (y el más interesante) era alcanzar el tarro de galletas que estaba sobre la repiza más alta de la alacena. Con eso en mente hizo un recuento de lo que tenía como si estuviera en el ejercito:

Soldados: ella.

Campo de guerra: la cocina

Enemigos: la altura.

Misión: Recuperar un par de galletas sin que nadie se de cuenta.

El primer paso era sencillo, encontrar los objetos suficientes que la ayudaran a trepar y cruzar el campo enemigo. Agarró una silla del comedor, la colocó entre la barra sobre la que preparaban la comida y el refrigerador. Eso le permitió ascender un poco. Se movió un poco para acomodarse, se puso en pie sobre la barra tratando de no golpearse la cabeza con la alacena que se encontraba más arriba empotrada a la pared, cuidando la barra de intrusos. Al estirar los brazos descubrió que un par de repisas aún la mantenían lejos de su meta.

Regresó al suelo y miró la batalla con la mirada calculadora de una niña pequeña pero la analizó con la de un feroz soldado. Las galletas se encontraban en la última repisa, hasta el final. Lo más cerca que había a esa altura para poder sentarse era el refrigerador que ronroneaba como buen gato feliz.

Con una sonrisa maquiavelica, trepó una vez más la barra y de ahí, escaló el refrigerador. Tuvo que hacer a un lado la barra de pan y las cajas de cereal que se encontraban ahí estorbandole, eran obstáculos que trataban de impedir que ella cumpliera con su misión.

Ahora son mías, galletas. Pensó la niña al estirar su mano. La sorpresa fue encontrar que todavía le faltaban un par de centímetros para alcanzar al tarro captivo. Se acercó más al borde del refrigerador y sin querer miró al suelo con algo de vertigo. Con todo y miedo estiró la mano una vez más para por fin tocar el tarro. No alcanzó a agarrarlo, pero ya lo había tocado. Lo siguiente, sin duda, sería tenerlo en las manos.

Estiró ambas manos, jaló el tarro hacia ella hasta que sintió que la gravedad estaba haciendo lo suyo, lo soltó para tratar de agarrarse de algo y no acabar en el suelo con una herida de guerra que sería difícil ocultar. Sin ver donde, puso las manos sobre lo que ella creía “tierra firme”, lo que resultó en aterrizar sobre una caja de cereal que la hizo resbalar y caer de sentón sobre la azotea del refrigerador. La caja de cereal por su lado salió disparada contra la alacena y golpeó al tarro que asomaba parte de su cuerpo desde la trinchera donde se encontraba.

Ella pudo ver como el tarro fue impactado por aquel cañonazo involuntario, la victima en cuestión retrocedió un poco tratando de recuperar el equilibrio y falló, cayendo sobre la barra para romperse en pedazos y esparcir su contenido sobre el suelo.

Misión fallida, soldado. Pensó tristemente la niña mientras observaba los decesos de la guerra. Ahora, ¿cómo me bajo de aquí? Malditos sean todos los que hayan inventado los muebles altos.