Golpes en la puerta lo hicieron recuperar el conocimiento. La noche había pasado, por desgracia, tan rápido. Le gustaba dormir y soñar… en ese mundo sus preocupaciones eran otras, en ese mundo hacía muchas otras cosas que lo mantenian ocupado, lejos de preocupaciones mundanas de la vida diaria.
-¡Oye! -dijo una anciana voz detras de la puerta- ¿Estás ahí?
-Sí, ¿qué pasó? -contestó tratando de disimular la modorrez desde las profundidades de su cama.
-Nada, sólo quería saber si estabas -añadió la voz alejandose, abandonandolo en el mar de sábanas.
Bien, ¿qué haremos el día de hoy? pensó mirando a su otro yo en los 3 espejos que le mostraban 3 angulos de la misma decadencia.
Esperar, murmuró uno de los tres reflejos dentro de su cabeza. En ese momento se preguntó cuando fué que empezó a dialogar consigo mismo.
Quizá la espera te está volviendo loco, inquirió oportunamente el del espejo de enmedio.
Quizá sólo necesito desayunar, hacer un poco de ejercicio y darle tiempo a que el mail me de alguna buena noticia. Con eso en mente se trató de convencer de que sería un buen día. Se liberó a si mismo de las colchas que lo apresaban y antes de salir del cuarto en boxers, recordó que no estaba en su casa, regresó se puso unas bermudas y la camiseta que se había quitado durante la noche debido al calor que hizo. Afuera, el anciano que lo había llamado lo invitó a desayunar y él aceptó con una sonrisa.
-Si me esperas a que vuelva, te hago unos huevos con jamón -dijo amarrandole la correa al perro-, no me tardo.
-No, yo puedo hacerme algo, no te preocupes -dijo el joven rascandose la cabeza con una mano y despidiendo al anciano que aunque no vivía en aquél lugar; ahí comía, bebía y sacaba a pasear a al perro por las mañanas.
Abrió la puerta del refrigerador y sacó lo básico: tortillas, jamón, queso y un litro de jugo de durazno. Minutos después contaba con un desayuno sencillo pero que prometía llenar su estómago. Puso el plato con las tres sincronizadas sobre la mesita de la sala, al lado la taza con el jugo y se dispuso a conectar el cargador de su laptop para poder constatar que el internet aún existía después de su ausencia. Al ponerse de pie ignoró al teléfono que estaba husmeando el olor de sus sincronizadas y más aún al cable que se interpuso entre él y el sillón. Al sentirse sorprendido en su travesura, el teléfono corrió al suelo a esconderse, llevandose entre las patas (y el cable) a la taza que terminó hecha pedazos en el suelo, desparramando el durazno líquido por todo el suelo y la mesa.
Bien… el desayuno tendrá que esperar, suspiró resignandose a limpiar el puerquero que había hecho. Cuando terminó de hacerlo, por fín pudo sentarse a comer su desayuno, ahora frío y un poco aderezado por el jugo de durazno, lo cual realmente no le importó.
Prendió su computadora y al iniciar le dijo: ” No se puede eliminar el archivo infectado porque está siendo usado por otro proceso, para que pueda eliminarse, tiene que reiniciar su equipo. ¿Desea hacerlo ahora?”
Le dio click al sí y se quedó mirando la pantalla, esperando a que lo dejara continuar con su día. Pero la máquina decidió instalar una actualización del sistema operativo que tardó mucho más de lo esperado. Agarró el libro que tenía al lado y casi 50 páginas después, el sistema operativo seguía actualizando diciendo que esperara. Hasta los personajes del libro que estaba leyendo esperaban que los que se habían ido de viaje volvieran con las provisiones. La vida de todos ellos había cambiado durante las semanas que los viajeros estuvieron fuera. Pero en los seis meses que él tenía en ese lugar él seguía esperando.
Cuando por fín pudo tener acceso a la computadora logró comprobar, para su mala suerte, que todo estaba tal cual lo había dejado la noche anterior. No hubo ataque de zombies en nignún lado, no había ninguna misión importante y lo peor, el silencio reinaba el lugar. El anciano regresó una vez a dejar al perro y arreglarse deostrando su costumbre extraña de prender las luces de todo el depa a las 4 de tarde, volvió a salir para regresar una hora después para ir al baño y volverse a salir inmediatamente.
“En dos semanas saldrán tus resultados” le dijo una ventanita en su computadora. “En Noviembre habrá exposición” le decía otra. “Yo quiero hacer algo hoy” les contestaba a ambas en su cabeza. La carpeta de un proyecto que se quedó pausado en lo que podía regresar a un espacio donde pudiera trabajarlo le exigió atención, pero después de otorgarle todo lo que pudo, comprobaron que tendrían que esperar a su regreso. En un espacio tan pequeño era imposible trabajarlo.
La dueña de lugar llegó un rato después echandole una espera más: “cuando regrese te doy el documento que necesitas traducir; 35 pesos la página, súper, ¿no? También aquí está el tríptico de las conferencias a ver si te interesa alguna.”
El leyó el papel doblado en tres partes que trataba de convencerlo de que un grupo de conferencias sobre democracia eran interesantes. Estas queriendo convencer a la persona equivocada, pensó separando la mirada para decirle a la casera que tendría que esperar a que su novio le dijera qué día se verían, para saber si podría ir a alguna de ellas. La casera sólo sonrió y se volvió a ir con el mismo montón de libros que se supone había llegado a dejar.
¿Y bien… qué hacemos? Se dijo a sí mismo una vez más.
Esperar… ¿qué más? le dijo una de sus voces riendose sarcásticamente.
Carajo… que día tan aburrido.