Oct 8 2009

Un libro en el lugar del comienzo

Cuando acabé “How NOT to read a novel: 200 classic mistakes and how to avoid them, a misstep by misstep guide” (Eso siendo el título más largo que he leído de un libro y siendo el libro que todo aquél que atente en escribir una larga historia debería de leer.) me quedé pensando en cual sería el siguiente que leería. La lista de espera es un poco larga, pero quería algo que encajara en el mood de la mudanza y demás. Así, después de repasar la repisa, llegué a “En el lugar del comienzo” de Ursula K. Leguin.

Pa’ los que no la ubiquen, ella escribió la saga del Mago de Terramar, buenísima serie, de mis favoritas. Sin embargo cuando intenté leer algo de su ciencia ficción y demás obras, no me atrapó como las historias de Terramar lo hicieron. De ahí que no volviera a leer un libro de ella (Aunque “Entre planos” sí está buenísimo) hasta ésta ocasión que agarré este libro.

¿Alguna vez les ha pasado que cuando leen un libro, de uno u otro modo les suceden cosas parecidas a lo que van leyendo? No digo que suceda lo que pasa en el libro, pero si los personajes descubren algo uno o dos días después te toca descubrir algo, si los personajes se meten en cierto apuro o encaran una nueva misión; tú te enrollas por azares del destino en algo similar o te enfrentas a una nueva situación. No me pasa con todos los libros, pero cuando sucede es algo bastante ocioso y me ha sucedido con esto. En el lugar del comienzo de mi nuevo capítulo o saga o temporada o como quieran llamarle.

Dos jóvenes de nuestra época -el cajero de un supermercado y la empleada de una casa de préstamos- han descubierto, quizás involuntariamente, un camino que lleva a un lugar secreto y misterioso. Allí la corriente del tiempo parece detenerse, lo cotidiano se inscribe en lo inmemorial, y terroríficos mitos ancestrales esperan en el fondo del bosque.

Eso es lo que dice la sinopsis de atrás, que siendo sinceros no dice nada más que rebuscar un pequeño párrafo de un par y un lugar mágico… de hecho, creo (y sólo creo porque no lo he terminado) que está equivocado. En ningún momento han dicho que la chava trabaja en una casa de préstamo. Pero lo que nos importa es que justo ahora salieron del pueblo con una honorable despedida y se encuentran en camino a enfrentar al miedo(aunque los del pueblo digan que ellos son el miedo), sin saber qué es lo que buscan. Sólo con la convicción de que es lo que tienen que hacer y que cuando acaben todo estará bien. Tienen que negociar en la cima de la montaña para que los caminos se abran de nuevo y el pueblo pueda brillar de vida de nuevo.

Ya les contaré qué sucede al final.


Sep 7 2009

Letras hambrientas

Dirijo a ustedes esta carta con la intención de mostrar lo que mis letras hacen. Éstas vienen acechándome por varios años ya, se comen todo lo que hago que no tenga relación con ellas y si no les pongo un poco de atención cada día, se enojan al grado de negarse a aparecer en la hoja virtual de la pantalla.

Pero aunque sean unas ladronas, de voluntades y de vidas, son mis amigas. Supongo que soy algo masoquista. Por eso quiero contarles de ellas.

¿Por qué quiero hacerlo? Porque escribir mueve al mundo. Si no escribo, el mundo se detiene: todo se congela en un letargo indefinido que se expande por toda la ciudad y contagia a la gente que aprecio, a la que no, a la que atiende el café a donde me gusta ir a sentarme para imaginar encuentros, re-encuentros y accidentes automovilísticos bajo la lluvia; incluso contagia a mi gato, que me observa con cautela mientras miro la pantalla, esperando el momento perfecto para subirse a mis piernas en cuanto me descuide. Es como si la historia del mundo, o al menos de mi mundo, se quedara pausada a falta de una continuación; por no saber qué dirán las palabras que invadirán el siguiente renglón. Todo se vuelve aburrido y monocromático hasta que las palabras salen de mis dedos para continuar contando la anécdota que estaba pendiente o para empezar una nueva.

Creo que cuando se escribe, mágicamente cosas excitantes suceden en la vida de quien lo hace, la mueven a lugares y situaciones inimaginables, conoce a quienes pueden convertirse en sus mejores aliados o sus peores rivales y llegar a conocerlo más que él a sí mismo. Y no hay mejor manera de plasmar eso que en letras.

Escribir es existir, punto.