Cine de calidá
Tenía ganas de ir al cine pero tenía el problema de que no se me antojaba nada de la cartelera. No quería perder mi tiempo con explosiones, aviones y acción sin sentido, así que G.I. Joe y Terminator estaban descartadas automáticamente.
Comedia… NI UNA SOLA.
Fuerza-G y el ratón de los dientes: con sólo ver el cartel no se me antojaron ni poquito. Y ni de qué hablar con los 6 o 7 dramononones que están proyectando. Sueños frustrados, enfermedades terminales, muertes y demás… de weba.
Fue cuando vi una mexicana que decía llamarse “El estudiante”. La reseña decía que era un señor de 70 años que entró a estudiar literatura y tenía que romper la brecha generacional. “Peor es nada,” pensé “sólo espero que no sea la típica mexicana de sexo, drogas y groserias”.
Y entré…
Que película TAN MÁS HERMOSA. Creo que es la mejor película mexicana que he visto en mucho mucho tiempo. No… no… omitan ese “mucho mucho tiempo”, es la mejor, punto.
Gracias Halo Studio por una película sobre un corazón joven en el cuerpo de un viejo; por enseñarnos que un corazón con disposición nunca deja de aprender, que los clásicos nunca cambian pero pueden adaptarse, que la vida es la cosa más chingona que uno puede experimentar.
Pd: llevense una caja de kleenex, la van a necesitar. Salí de la sala con una sonrisa y los ojos rojos y todo mundo se me quedaba viendo. (la verdad me dio un chingo de pena, pero meh… tenía que salir de la sala. >>)






